Al combate corred bayameses

Víctor Manuel Domínguez | LA HABANA, Cuba (Cuba Sindical / www.cubasindical.org) – A los ideólogos, bufones y oportunistas patrios les ha dado por hilar una monserga de banderas, sombreros de yarey, himno nacional, guayaberas, versos de Martí y prosa de Guillén para poder llamarse cubano. Estos hacedores de la identidad utilizan como guinda del pastel de la cubanidad los restos putrefactos de una revolución fracasada.

Para ser cubano sólo hay que nacer por azar, suerte o desgracia en cualquier rincón del país sin importar origen social, color de la piel, religión. orientación sexual o ideología. Ninguna persona o líder gubernamental está capacitada para definir quien lo es o no, ya sea porque grite arriba o abajo Fidel, siembre ajos en Alamar o se haya fugado por El Mariel.

La conceptualización del término, si no fuera por las consecuencias políticas que implica para los “descubanizados” que viven en la isla, sería risible, descarcajante, digna de un museo del disparate. Ser cubano sólo por vivir entre el malecón habanero y la costa de Imías es como ser esquimal por sólo comer pescado o ruso por no bañarse.

En estos días de fetecunes festivos por el Día de la Cultura Cubana (fecha en la que por primera vez se entonaron las notas del Himno de Bayamo, el 20 de octubre de 1868), arrecian su tono las trompetas del apocalipsis revolucionario contra quienes desde otra visión menos chovinista y más desacralizadora asumen la cultura en el país.

Satanización ideológica, seguida de expulsión laboral a los que osan pensar más allá del himno o el sombrero, se ciernen sobre el sector de la cultura nacional, y llega en tono de amenaza hasta el último cubano que reniegue de esa mentalidad obtusa o restringida de circunscribir la nacionalidad a un concepto, un pájaro cantor, un poema o un trapo.

De más está decir de fórums y pachangas que se organizan en diversos campos de batallas ideológicos, como si el contacto con otras culturas o querer vivir fuera del país fuera el apocalipsis o un acto o de alta traición a los campos de marabú, a una carga al machete mambí o una trompetilla en el rostro de los líderes históricos de la revolución.

Es hora de alejarse de tanta parafernalia patriotera, abrir nuevos espacios a la mente, dejar atrás amenazas e improperios contra quienes intentan pensar con su cabeza, y hacer de la patria y sus conceptos un universo integrador donde quepamos todos, y no sólo los que aplauden, acatan o sonríen y aprueban la cabeza y piensan con los pies.

Sin embargo, aún se escucha en los altavoces de la patria, amplificados por cornetas de nuevo tipo, jinetes de carrusel, payasos de circo itinerante y los incombustibles amanuenses y tracatanes del poder, el grito centenario de ¡Al combate corred, Bayameses! y no el moderno de corramos por la diversidad socio cultural. | vicmadomingues55@gmail.com