Cambios (in)trascendentes

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – Para un esclavo, el cepo, aunque lo barnicen, le sustituyan el nombre por otro menos cáustico o lo adornen con un puñado de campanitas y flores ornamentales, seguirá siendo el instrumento de castigo a mirar con azoro y repugnancia.

Lo mismo sucedería con el grillete. No importa si las cadenas son de un material más flexible y la bola de hierro acompañante es ahora rectangular, algo más liviana y con un moderno aditamento que emite fragmentos de música instrumental.

Dichos cambios se quedarían bien cortos ante la intención de mantener la servidumbre a toda costa.

Precisamente esa es la naturaleza de los trámites que se ejecutan para aprobar la nueva-vieja Constitución y también del texto conocido como Bases para el Fortalecimiento de la Misión del Movimiento Sindical Cubano, según atestiguó el semanario Trabajadores, el principal del XXI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba.

Antes los malabares teóricos que apuntan al triunfalismo, es necesario hacer un recuento de anteriores maniobras que terminaron en meros fuegos de artificio.

Nada indica que esta vez será diferente. Los mandamases criollos han determinado apretar las clavijas del autoritarismo y aparejado a ello ofrecer algunas migajas en el ámbito socioeconómico, reciclar ciertas ilusiones en relación al futuro y por supuesto el reforzar las operaciones represivas en todas sus modalidades.

Ni la archipromocionada Carta Magna –que se aprobará por orden del Partido y no por la soberana decisión del pueblo–, ni las discusiones laborales relacionadas con el tema –que favorecerían algunas facilidades a los trabajadores en cuanto al derecho a la propiedad privada y al llamado trabajo no estatal conocido como cuentapropismo–, son suficiente para revivir las esperanzas convertidas en cenizas por la desidia de las políticas gubernamentales, ahora enfiladas en la creación de un modelo que busca la armonización entre un capitalismo de Estado y el mantenimiento del control político en manos del partido único.

Quienes conforman la población laboralmente activa en la Isla no tienen motivos para confiar en que su nivel de vida podrá tener otra clasificación, ajena a la miseria y a los sobresaltos que esta provoca.

Pobreza permanente y represión científica son parte fundamental de la ecuación que explica la larga estadía del partido comunista al frente del país.

En caso de que con el tiempo surgiese una clase media, los que la integren estarían obligados a cumplir ciertas normas ligadas a su supervivencia, como, por ejemplo, mantenerse fiel al dogma establecido, que sería más o menos el mismo que el actual.

Las consecuencias por saltarse los muros llegarían a ser fatales, como en China o Vietnam. ¿Podría funcionar un modelo de tales características en Cuba?

No lo descartaría, a partir del cada vez más extendido beneplácito –para algunos indiferencia– de buena parte de la comunidad internacional con los excesos del régimen, y por otro lado la imposibilidad, debido a múltiples causas, de lograr la articulación de una masa crítica que rompa con los moldes de la apatía y el miedo presentes en la mayoría de la población.

Volviendo al tema central del texto, el arrebato constitucional que inunda los medios de prensa es otro ejercicio de vanidad sin ninguna trascendencia.

Puro espejismo, cantinfleo, palabrería hueca, tal y como una de las preguntas que surgieron en esas reuniones sindicales: “¿Cómo resolver que los trabajadores identifiquen, sientan y vean al sindicato como una necesidad y manifiesten su interés por afiliarse?”

Sencillamente, devolviéndole la autonomía anulada por decreto hace más de cinco décadas, poniéndole fin a la rastrera connivencia con la administración, dejando a un lado las consignas patrioteras y dedicándose a construir un universo laboral basado en la racionalidad.

Pero nada de eso está contemplado en el organigrama de un grupo de burócratas acostumbrados a medrar en los bordes de un sistema, cuyo próximo destino parece ser el fascismo.