Concierto desconcierto

LA HABANA, Cuba | Víctor Manuel Domínguez, Cuba Sindical (www.cubasindical.org) – Como una bomba en medio de un concierto cayó sobre las cabezas de la parte cubana la firma de los nuevos acuerdos migratorios Cuba-USA. La tan cacareada y de dientes para afuera petición cubana de que los ciudadanos de la Isla fueran tratados como el resto de los emigrantes del mundo se convertirá en un boomerang para las autoridades del país.

La válvula de escape que significó durante años para la dictadura cubana la fuga de cientos de miles de cubanos hacia los Estados Unidos o hacia otros países con el objetivo de cruzar para la nación norteña fue cerrada, y las implicaciones del acto, más allá de las falsas apariencias de victoria y satisfacción de la diplomacia cubana, son un atolladero para la isla “comunista”.

Pérdida de cuantiosas remesas, dinero por concepto de visitas, envío de medicamentos y otros tipos de ganancias materiales y políticas que les significaba el éxodo continuo y a riesgo de sus vidas de tantos ciudadanos, borran el discurso hipócritamente humanista de las autoridades gubernamentales y los pone a buscar nuevas fuentes de financiamientos libre de costos, empleos, alimentos, viviendas y otras necesidades perentorias que Cuba no puede resolver.

De ahí que más que un triunfo sea un nuevo dolor de cabeza este acuerdo. Sólo había que ver y escuchar la cantidad de fintas verbales de Josefina Vidal ante las preguntas de los corresponsales que cubrieron la rueda de prensa que dio a conocer el acontecimiento. Si le preguntaban sobre la pérdida de remesas para Cuba, fintaba como un boxeador de los 48 kg y salía del paso hablando de la cantidad de muertos que originaba la ley, como si les interesara.

Decenas de años culpando a la ley de ajuste cubano como al mayor incentivo para que los cubanos abandonaran el país se van a bolina, y dejan al desnudo que son las insufribles condiciones económicas, el pésimo desarrollo social de la nación, la excesiva politización de cuanto se hace en el país y la ideologizada exigencia para el desenvolvimiento normal de la familia y el individuo los causantes de un éxodo sin otro motor que la frustración.

Para la población cubana, el acuerdo es el típico cubo de agua fría en medio de una ola de calor. Todas las familias se ven afectadas en la actualidad o en su porvenir, pues si miles tienen algún pariente estancado en cualquier país con el propósito de cruzar a los Estados Unidos, igual cantidad soñaban con un viaje, legal o ilegal, que les permitiera realizar ese sueño.

Alexander Gainza, un jubilado que apostó por las remesas que obtendría de un hijo médico radicado en Ecuador para luego cruzar, se lamenta también de que su hija Maritza, su hija que con el mismo propósito labora en la Misión Cultura Corazón Adentro en Venezuela, tampoco podrá cruzar y materializar su sueño de vivir en Norteamérica y ayudar a su familia en Cuba.

Para el gobierno de los Estados Unidos, una fórmula de quitarse un san Benito político que originaba críticas en su contra, un alivio logístico económico al evitar un éxodo masivo que hubiera podido ocurrir en cualquier momento por el nivel de desesperación de los cubanos, y un acto de abandono para con millones de personas que lo han arriesgado y arriesgarían todo para vivir en libertad, hecho que se frustra con un acuerdo que los mantiene en prisión.

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