Contraofensiva revolucionaria

Unos de los negocios cerrados hace más de cinco décadas.

Los niveles de novelería de las autoridades han desmontado de forma definitiva o parado temporalmente el trabajo por cuenta propia.

La Habana, Cuba | Víctor Manuel Domínguez | Cuba Sindical Press – Si “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, Groucho Marx profetizó el decursar de la revolución cubana. De no ser así, ¿cómo explicar la desastrosa política económica del gobierno de un país que apostó por la nacionalización de las empresas extranjeras y el cierre de los negocios privados, haciendo de Cuba un exitoso laboratorio de fracasos, que más de 58 años después aún genera el caos

El propósito de implementar una estrategia e industrialización acelerada en el país, consistente en la apropiación y control estatal de la industria extranjera y los negocios privados en Cuba, en ese orden, fue un rotundo fracaso que se inició en el comercio minorista en 1960 con el 52% expropiado, un 75% en el 1963, hasta llegar al 100 % en 1968, durante la denominada Ofensiva Revolucionaria, fecha en que todo tipo de trabajo por cuenta propia pasó a manos del Estado.

La chovinista, mesiánica y utópica pretensión de la dirigencia del país en asumir el control de la industria extranjera y los negocios privados, en una Cuba que para esa época sólo daba rumberas, caña, ron y tabaco, fue la lluvia de errores que nos trajo estos lodos de la miseria material cubana, al convertir una  empresa foránea en una fábrica de pránganas, y al exitoso sector privado en una tierra arrasada donde nació y aún existe la Libreta de Racionamiento de Productos Alimentarios.

Timbirichifobia

El afán de controlarlo todo, como auténtico régimen comunista que se respete (yo sólo puedo tener; que nadie tenga nada), desató una virulenta y descalificadora campaña contra todo lo que significara sector privado, que hasta el día de hoy, décadas después, quienes sembraron entre la población ese absurdo rechazo fingen enmendar la plana exigiendo convivencia con quienes laboran por cuenta propia y les sacan las castañas del fuego a un empleo estatal diezmado.

De ahí que no se deba olvidar o sea necesario releer el discurso pronunciado por Fidel el 13 de marzo de 1968, donde se anunciaba el inicio de una Ofensiva Revolucionaria que sentaría las bases de la igualdad y el beneficio para todos, siempre que se arrancaran de raíz las malas hierbas que impedían el total despique de una sociedad que surgiría triunfante entre los escombros de los timbiriches y toda guarapera, zapatería y puestos de fritas, entre otras formas de “holgazanería”.

Durante aquel truculento discurso pronunciado en la Universidad de La Habana, Fidel aseguraría:

“Subsiste todavía una verdadera nata de privilegiados que medran del trabajo de los demás, y vive considerablemente mejor que los demás, viendo trabajar a los demás. Holgazanes en perfectas condiciones físicas, que ven pasar los camiones de mujeres a trabajar en el Cordón de La Habana o a recoger tomates en Güines, y ellos están en sus negocios particulares”.

Y señaló más adelante: “Se hizo una encuesta en novecientos noventa y cinco establecimientos privados y los resultados fueron que las personas que vivían del comercio, de la venta de bebidas alcohólicas, trabajaban en la ilegalidad, tenían mala actitud revolucionaria –tanto los dueños como los empleados–, que su clientela era antisocial y que daban mal servicio a la población; por tanto, se recomendaba que fueran intervenidos o cerrados. La investigación continuó en cada uno de los comercios privados

Como colofón, en este discurso se plantea “que no se hizo una revolución aquí para establecer el derecho al comercio (…), no tendrá porvenir en este país ni el comercio ni el trabajo por cuenta propia, ni la industria privada, ni nada”, palabras que se han tenido que tragar décadas después ante la eterna crisis económica del país, sólo como un mal necesario tolerado por conveniencia.

Tanto nadar para morir en la orilla

Fracasados los afiebrados planes revolucionarios de convertirse en una potencia económica que llenaría de leche la bahía de La Habana, sería el mayor exportador de carne de res, yogurt y queso del mundo, tendría la mayor industria mecanizada del universo, y los bueyes pastarían en los jardines interiores de un museo, sin lograr siquiera un vaso de café con leche y un pan para cada ciudadano, hoy se vuelve al trabajo por cuenta propia como una alternativa viable en la economía

Pero, ojo; pinta, en cuanto tengan un respiro económico y el saco de carbón de marabú alcance un precio de un millón de euros, no sólo derrumbarán los timbiriches y mandarán a desbrozar los marabuzales a propietarios y empleados, con el único consuelo que gerentes, funcionarios con elevados cargos y trabajadores de cadenas de hoteles, se verán obligados a correr igual suerte.

Aunque lo anterior parezca hiperbólico e hipotético, los niveles de novelería de las autoridades cubanas han desmontado de forma definitiva o parado temporalmente el trabajo por cuenta propia, como cuando les dio por llamar “merolicos” (término tomado de la telenovela Gotita de Gente) a los vendedores ambulantes; bautizaron como Los bandidos de río frio (título homónimo de otra telenovela) a los vendedores de productos del agro, y “garangao”, (nombrete de un personaje de telenovela), para nombrar a los vigilantes corruptos en las empresas estatales.

De ahí que no me asombren las nuevas disposiciones para el trabajo por cuenta propia en general y algunas modalidades de empleo en particular, en cuanto a restricciones, retiro definitivo de la licencia, cambios en los impuestos, unificación de diversas categorías y promesas de servicios y ventas de combustible y piezas de repuestos subsidiados a los vehículos particulares que a falta de Fe (familiares en el exterior), caigan en la trampa de quienes los acosan, deprecian y fiscalizan.

Los que no caen en los alrededor de 20 modalidades de empleo por cuenta propia que serán reguladas o definitivamente prohibidas, deben estar atentos ante los pasos adelante y atrás de una revolución que sufre cuando un trabajador privado  alcanza independencia financiera, hace prosperar el negocio y se realiza, pese a las restricciones de un Estado poderoso que los vigila.

Recuerden los calificativos de Fidel a los cuentapropistas: holgazanes, de mala conducta revolucionaria, que trabajan con ilegalidad, clientes antisociales, y sobre todo, que  se hizo una revolución aquí para que ni el comercio, ni el trabajo por cuenta propia, ni la industria privada, ni nada que no sea estatal sobreviva. Y en contraofensiva anunciada, pueden caer timbiriches. | Vicmadomingues55@gmail.com