Díaz-Canel será un presidente que mandará poco

Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro.

Carecen de fundamento las opiniones que apuntaban hacia el inicio de una nueva época con la asunción de Miguel Díaz-Canel

La Habana, Cuba (Cuba Sindical Press) – Todos sabíamos que Raúl Castro continuaría como la principal figura política de Cuba aún después de dejar el cargo de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Ello debido a que su condición de primer secretario del Partido Comunista le aseguraba tal condición.

Sin embargo, lo presenciado en la sesión de clausura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ocasión en la que Miguel Díaz-Canel resultó elegido como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, sirvió para resaltar el papel de segundón que le espera al nuevo presidente.

En su discurso de clausura del referido cónclave, el menor de los Castro no solo delineó lo que iba a suceder en la cúpula del poder hasta el año 2021, cuando él abandone la jefatura del Partido, sino que también dio a conocer lo que estaba “planificado” para después de esa fecha. En ese sentido indicó que para entonces Díaz-Canel lo sustituiría como primer secretario del Partido, hasta que el ahora benjamín completara un segundo mandato al frente de la organización política y arribara al momento de su jubilación.

Mientras que Díaz-Canel, que también usó de la palabra en la mencionada sesión, se limitó a entonar loas a la persona de Raúl Castro, y a reafirmar la continuidad entre la generación histórica de la revolución y la que él mismo representa, el General de Ejército fue el que se refirió a la actual situación del país, así como al futuro de la isla.

Raúl insistió nuevamente en las dificultades que se presentan para continuar con las tareas de la actualización del modelo económico. Y contrario a lo que muchos esperaban, no mencionó fecha alguna para la tan cacareada unificación monetaria y cambiaria.

Un espacio importante de su discurso estuvo reservado para anunciar el trabajo que acometerá la Asamblea Nacional en aras de preparar una nueva Constitución para el país. Pero aclaró que esa Carta Magna, que deberá ser aprobada por la población en un referéndum, no eliminará el acápite que declara el carácter irreversible del socialismo cubano, ni el artículo 5 de la actual Constitución, el mismo que le garantiza al Partido Comunista el papel rector en la sociedad.

Por otra parte, el General de Ejército reconoció tácitamente lo insuficiente que han sido hasta el momento las políticas encaminadas a empoderar a mujeres, negros y mestizos en cargos decisorios de la sociedad. En consecuencia, se auto felicitó por los mayores porcentajes de personas con esas características en la actual composición de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Al referirse a las características que él y la cúpula del Partido habían observado en Díaz-Canel para seleccionarlo como sustituto de la generación histórica, Raúl admitió los “errores” que se habían cometido en la preparación de anteriores cuadros. Una referencia implícita a los casos de Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y Roberto Robaina, entre otros.

Por supuesto que los cubanos que peinan canas son conscientes de que al General de Ejército no ha de resultarle muy complicada la tarea de contar con un presidente pelele, y ser realmente él quien controle las riendas del poder. Ya su hermano Fidel, durante más de quince años, mantuvo a Osvaldo Dorticós –casi seguro muy poco conocido por las generaciones más jóvenes de cubanos– como presidente en el papel, pero desprovisto de mando por completo. Por si acaso, y haciendo válido eso que reza “poner el parche antes de que salga el grano”, Díaz-Canel acaba de reafirmar que será Raúl quien tome las decisiones trascendentales en el país.

Entonces carecen de fundamento las opiniones que apuntaban hacia el inicio de una nueva época en Cuba con la asunción de Miguel Díaz-Canel a la jefatura del Estado y el Gobierno. Se trata, al menos hasta el 2021, de una operación que busca mejorar la imagen de un régimen que se niega a marchar a tono con los aires de democracia que se respiran por doquier.