El robo de combustible le quita el sueño a Díaz-Canel

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – La adquisición del combustible necesario para el transporte, el alumbrado de los hogares y las actividades industriales siempre ha sido, en general, una de las grandes preocupaciones de los gobernantes cubanos. Y dentro de la gama de combustibles fósiles que proporcionan energía, el petróleo destaca como el más empleado en Cuba.

Tras un período de incertidumbre en los años sesenta como consecuencia de la ruptura de los nexos que la isla mantenía con Estados Unidos, las autoridades cubanas creyeron haber resuelto definitivamente sus carencias de petróleo con la alianza establecida con la Unión Soviética y las naciones que construían el denominado “socialismo real”.

Como parte de su participación en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), un extinto mecanismo de integración de los países antes mencionados, Cuba recibía el petróleo a precios preferenciales, es decir, por debajo de los existentes en los mercados internacionales. Y llegó a recibir petróleo por encima de sus necesidades de consumo, en el entorno de unos 13 millones de toneladas al año, de forma tal que pudo reexportar una parte del petróleo enviado por los soviéticos. Se asegura, por ejemplo, que en 1986 ese petróleo reexportado fue la principal entrada de divisas al país.

Pero llegó Gorbachov y mandó a parar. La Unión Soviética se desintegró, y la Federación Rusa operó un proceso de desideologización de sus relaciones comerciales. Como resultado de ello, Cuba comenzó a recibir únicamente alrededor de cuatro millones de toneladas de petróleo al año, menos de la tercera parte de lo que recibía antaño.

Sobrevino el caos de los años 90, cuando nos sumergimos en el período especial en tiempos de paz. Una etapa tenebrosa que, en lo relativo a la existencia de petróleo, comenzó a atenuarse a partir de 1999, cuando el mejor amigo de Fidel Castro, Hugo Chávez, arribó al poder en Venezuela.

Para que se tenga una idea de lo que ha significado para la isla el envío de petróleo por parte de Venezuela, nada mejor que acudir a las cifras emitidas por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), adscripta al Gobierno cubano.  

Durante el sexenio 2012-2017, el intercambio comercial de bienes entre Cuba y Venezuela ascendió a 31 mil 555 millones de pesos. De esa cifra, más de las dos terceras partes, 22 mil 281 millones de pesos, para un 71%, fueron compras cubanas al país sudamericano. Y, por supuesto, la abrumadora mayoría de esas compras correspondieron a petróleo.

Mas, en los días que corren el gobierno chavista de Nicolás Maduro se tambalea, y los gobernantes cubanos se aprestan a buscar otras fuentes de suministro de petróleo. Primero hablaron con Argelia, a la que en reciprocidad le dedicaron la actual versión de la Feria Internacional del Libro.

Más recientemente han firmado un Memorando de Entendimiento con la Unión Económica Euroasiática (UEE), una instancia integrada por Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kazajistán y Kirguistán. Esas naciones están interesadas en los productos biofarmacéuticos cubanos, mientras que Cuba, por supuesto, espera que sus antiguos aliados exsoviéticos le proporcionen el petróleo que Venezuela no pueda mandarle.

Sin embargo, un elemento oficia como aguafiestas para el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez. No es otro que el robo de combustible que tiene lugar en todas las provincias y municipios del país. En una reciente visita a la provincia de Las Tunas, el mandatario debió escuchar con rostro apesadumbrado –así lo mostró la televisión– que nada ha podido evitar semejante desfalco. Sólo en las empresas pertenecientes a los sectores del azúcar y comunales se robaron 30 mil litros de combustible en 2018.

Entre los factores que han propiciado los robos sobresalen la mala planificación, incorrectos índices de consumo y falsificación en los kilometrajes recorridos por los vehículos, así como un control ineficiente. 

Tal vez quienes paguen las consecuencias sean los afectados por el tornado que devastó varios barrios habaneros. A lo mejor el presidente se olvida un poco de ellos por la nueva preocupación que lo asalta.