Las palabras perdidas

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – Ante la necesidad de atemperar el lenguaje populachero y procaz que ciudadanos de cualquier sexo y edad emplean en espacios públicos y privados del país, así como el interés por rescatar frases de urbanidad sustituidas del habla popular por expresiones vulgares como muestras de desenfado y modernidad, las autoridades cubanas desatan una campaña audio visual que surte poco efecto en la ciudadanía del país.

Empeñadas en borrar cuantas expresiones o modales recordaran el pasado burgués de la nación, desde su llegada al poder fueron imponiendo un supuesto lenguaje popular y proletario en el país, que derivó en un argot marginal que hace difícil entender a los jóvenes y no pocos vejetes acogidos a las expresiones barrioteras que se usan para dialogar.

De ahí que me resulte cínico que después de más de seis décadas de una revolución que veía en los buenos modales un gesto de debilidad (sexual) o una conexión con el pasado  capitalista, se intente rescatar para la cotidianidad el uso de ciertas palabras y expresiones como “señor”, “gracias”, “disculpe”, “permiso” y “por favor”, en una sociedad envilecida por las enconadas carencias y contaminada por la vulgaridad.

Esas “palabras mágicas” –como califica un reiterado spot televisivo las expresiones arriba señaladas­– hoy sólo son un símbolo de valores perdidos, una pose espuria de quienes en representación del régimen disfrazan ademanes y ocultan las chancletas en sus diálogos con los nuevos socios capitalistas, y un gesto de atracción de empresarios advenedizos en busca de inversores extranjeros, aprobación y beneficios con su actuación teatral.

La realidad es que en Cuba, quien diga “buenos días” al abordar un ómnibus, en la recepción de una oficina, la barra de un café estatal, un policlínico, la bodega, una guardería infantil o en cualquier otro sitio donde deba recibir un servicio, será mirado con mayor estupor que a un extraterrestre en una cola para comprar el pan, y como respuesta recibirá el silencio, un gruñido o un estentóreo “no”.

Igual sucede ante palabras y expresiones como “gracias”, “permiso” y “por favor”, totalmente extrañas al oído en medio de la ensordecedora –y en ocasiones grotesca– muchedumbre que busca entre el bullicio de pregones, cláxones, música estridente, gritos, sierras eléctricas y todo tipo de ruidos fórmulas para sobrevivir.

Rescatar los buenos modales y las adecuadas expresiones y palabras al hablar es una misión imposible, al menos hasta que pasen tres o cuatro generaciones de cubanos y sea erradicado el mal generado por la revolución, con su falsa igualdad, la búsqueda de un hombre nuevo y otras utopías de un sistema fracasado en su afán de imponer originalidad. | vdominguesgarcia4@gmail.com