“Los trabajadores de Guayana hace tiempo dejaron de ser chavistas”

El 97% de los trabajadores de la Ferrominera se negó a participar del fraude electoral de Nicolás Maduro en julio

Ana Díaz | Los trabajadores de Guayana fueron de los primeros en respaldar al presidente Hugo Chávez. Lo acompañaron en la primera reestructuración de los sectores eléctrico, minero, metalúrgico y siderúrgico, pero a partir de 2008 esa situación cambió, aseguró Roger Salazar, directivo del Sindicato de Trabajadores de Ferrominera del Orinoco y secretario nacional de Justicia Obrera del partido Primero Justicia.

A su juicio, la evidencia del actual rompimiento de los trabajadores del estado Bolívar con el chavismo, devenido en madurismo, lo dio la huelga de trabajadores de Ferrominera.

“La ruptura de los trabajadores guayaneses con el régimen se hizo más evidente en la elección de la asamblea nacional constituyente del 30 de julio, en la que, pese a las presiones y amenazas, se registró una abstención promedio de 90%”, destacó el sindicalista.

El dirigente considera que al movimiento sindical autónomo e independiente le queda mucho camino por recorrer para recuperar los espacios perdidos, como consecuencia del ataque sistemático de Chávez que dividió y atomizó los sindicatos.

“Esta situación hace inviable realizar en este momento una huelga general nacional. Es imperativo que el movimiento sindical se reencuentre y se una para revertir sus debilidades y detener la amenaza de la constituyente, que persigue imponer las comunas y consejos socialistas de trabajadores mediante la eliminación de los sindicatos como legítimos defensores de los derechos de los trabajadores”, expresó.

Salazar, de 46 años de edad y relacionista industrial egresado del Instituto Universitario Tecnológico de Puerto Ordaz, revela que la vocación por la defensa de los derechos laborales la heredó de su padre, el periodista Rogelio Salazar, que cuenta hoy con 85 años de edad, y fue dirigente sindical en Ferrominera durante 35 años.

El directivo de Sintraferrominera ingresó a la empresa extractora de mineral de hierro en 2006. Para exigir el contrato colectivo dos años después participó en la huelga encabezada por Rubén González, por la que este dirigente sindical fue condenado a 7 años y medio de prisión, pero absuelto en abril de 2014.

–Muchos trabajadores de Guayana no votaron el 30 de julio.

–Quiero felicitar a los trabajadores de las empresas básicas y del sector privado regional por negarse a participar en el fraude de la ANC, al que no fue a votar 90% de la clase trabajadora. Este índice alcanzó 97% en Ferrominera.

— ¿A qué se debió esa abstención? 

–La causa es la deplorable situación en que se encuentran las empresas básicas que están produciendo a 20% de su capacidad instalada, lo que impacta toda la actividad industrial y comercial. Guayana es un polo de desarrollo creado para apuntalar la política de sembrar el petróleo. Durante muchos años fue así, pero con el chavismo ha sido la debacle: empresas pequeñas y medianas operan al mínimo o han cerrado, tenemos el mayor desempleo del país, una elevadísima inflación y acentuada escasez de alimentos y medicinas y, para colmo, volvieron enfermedades erradicadas como el paludismo y la difteria. Todos estos males causan un gran descontento y rechazo de población. Los trabajadores de Guayana hace tiempo dejaron de ser chavistas.

–¿Qué papel jugó la Ferrominera en este proceso? 

–Por primera vez, la huelga de 2008 evidenció que el gobierno no cumplía con los trabajadores. Intentaron doblegarnos y hasta lograron impugnar la comisión electoral de los comicios de Sintraferrominera para impedir que participara la plancha encabezada por Rubén González. Sin embargo, les ganamos a los candidatos del PSUV porque los trabajadores nos reconocen como sus dirigentes. Esta victoria le dio oxígeno al movimiento sindical autónomo venezolano atomizado y dividido por la estrategia gubernamental del paralelismo sindical, luego del paro petrolero de 2002 que dirigió la Confederación de Trabajadores de Venezuela bajo la presidencia de Carlos Ortega. En ese momento, Chávez se dio cuenta de que el movimiento sindical era muy peligroso para su revolución del siglo XXI, por lo que se dedicó a neutralizarlo para luego desaparecerlo.

–Sectores del sindicalismo autónomo impulsaron recientemente una huelga general nacional para restituir el orden constitucional.

–Respeto su posición, pero en este momento ese tipo de acción no es viable porque el movimiento sindical está dividido, atomizado, envejecido y partidizado. Los dirigentes se han vuelto mediáticos. Tienen que apartar sus apetencias personales de mantener parcelas de poder para acercarse a la base trabajadora, que es la única perjudicada con esas posiciones personalistas.

La acción inmediata del movimiento sindical autónomo es el reencuentro, la unión y la corrección de los errores ante una constituyente ilegítima desde su origen, que pretende acabar con los sindicatos para imponer las comunas y los consejos socialistas de trabajadores en su modelo corporativo. Esto eliminará muchos de los beneficios laborales logrados con los años de lucha de los trabajadores por la contratación colectiva y otros derechos.

–¿Es una tarea urgente evitar los despidos de empleados públicos que no votaron el 30 de julio? 

–Hay que estar claros. La ANC vendrá por los trabajadores y la dirigencia sindical que no comulguen con el oficialismo. Por eso es conveniente crear un mecanismo como el Foro Penal Venezolano que centralice todos los casos de violaciones laborales, para que la gestión y solución de los reclamos sea más rápida y expedita ante los organismos de defensa de los derechos humanos.

–Usted cuestiona la partidización de los sindicatos, pero es presidente de Justicia Obrera.

–La actividad sindical en defensa de los derechos de todos los trabajadores, sin importar su militancia, debe estar separada de los partidos. Por eso no recibo ni permitiré recibir líneas de Primero Justicia ni de sus dirigentes y eso ellos me lo han respetado. (ANADIAZ@EL-NACIONAL.COM}