Sitio oficial del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba

Julio 14, 2008

En guerra contra el tiempo

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) - El general Raúl Castro ha dado la orden de arreglar el socialismo. Para conseguirlo permite un limitado acceso a las reformas. Sólo las necesarias para evitar el naufragio de una revolución que a sus casi 50 años de existencia pone en perspectiva las sombras del fracaso. 

Las luminosidades del éxito se apagan irremediablemente en derredor de un equipo de gobierno sin el carisma, la habilidad y la suerte que tuvo Fidel Castro mientras fue el dueño absoluto de Cuba.

El vacío se ensancha en la medida que suceden los días sin que haya pruebas fehacientes de que Fidel esté en condiciones de llevar a cabo la tarea asignada por su hermano Raúl: soldado de las ideas y consultor de cuanto proyecto se quiera poner en práctica.

Los herederos saben que tendrán que vérselas con una serie de problemas, antes soslayados por voluntad del máximo líder y ahora convertidos en enormes obstáculos.

Una de las tareas más complicadas para los sucesores estriba en querer enmendar el socialismo sin tocar sus bases. Trazan la reparación a partir de un bosquejo superficial.

Van a los detalles menores como una forma de distraer la atención, crear expectativas de soluciones que a la vez den paso a ciertos espacios de credibilidad y legitimación tan necesarios en un período donde la consolidación de los nuevos actores políticos es una premisa puntual.

Esa táctica puede resultar beneficiosa a corto plazo aunque no escapa a posibles desajustes. La subjetividad es un fenómeno muy dado a alterar la naturaleza de los acontecimientos y no siempre de manera favorable.

Además el país, más allá del clásico ejercicio propagandístico que opta por adornar la realidad con el triunfalismo, se encuentra en una situación de extrema precariedad tanto en el ámbito económico como en el social.

Gran parte de la opinión pública se muestra escéptica frente a los modestos signos de apertura. El hecho que se hayan levantado algunas prohibiciones no es suficiente aún para cristalizar una esperanza en torno a un mejoramiento del nivel de vida.

Los índices inflacionarios no ceden, algo que apunta a mantener el salario promedio bajo normas relacionadas con el insulto. En el orden de los 17 pesos convertibles al mes, unos 21 dólares, tal cifra se mantiene entre las más bajas del mundo. Esto unido a que los servicios gratuitos brindados por el estado a manera de compensación apenas rozan los parámetros de calidad.

Serios problemas con el financiamiento, galopante corrupción y la clásica ineptitud de la burocracia, entre otras anomalías, mantienen una situación cercana al caos tanto en la esfera educacional como en la salud pública.

Si de algo se puede estar completamente seguro es que el socialismo –tal y como se implantó en Cuba- es insostenible. Sobran ejemplos para apuntalar tal aseveración.

Ese ha sido el resultado de décadas bajo el paraguas de los subsidios y de una ideologización llevaba a los confines del delirio.

Después de casi diez lustros Cuba se adentra en el siglo XXI con la marca del subdesarrollo más pronunciada. Esto queda respondido por  varias interrogantes tomadas al azar dentro de una abundante muestra.

¿Qué se hizo con los millones de rublos anuales provenientes del campo socialista fundamentalmente de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas?

¿Se puede sostener el discurso que exalta la soberanía y la independencia dentro de un país cada día más crispado y decadente, sostenido ahora por los petrodólares de Hugo Chávez?

¿Cuál es el legado de una revolución socialista que mantiene viviendo en tugurios a miles de familias y que cuenta con una de las poblaciones carcelarias más altas del orbe- más de 80  mil personas- en comparación con el número de habitantes?

El desastre es un hecho incontestable. No hay asideros posibles para una retórica que insiste en construir castillos en el aire. Lo peor radica en que alguna gente insiste en describir las paredes de concreto y los ventanales de madera preciosa de la “arquitectura revolucionaria” donde sólo hay mucho humo y ventoleras.

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