Julio 21, 2008
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.
LA HABANA, Cuba, julio (www.cubasindical.org) - Es muy tarde para abortar el complot. La revolución cubana ha caído en su propia trampa. Mientras su teoría se afirmaba en presuntas excelencias. Afuera, a escasos metros de los discursos, de las movilizaciones patrióticas y de cuanta estrategia ideada con el propósito de trascendencia histórica, legitimidad y espíritu de perfección, se fue cavando la zanja para la caída y el entierro.
Sí, esa es la lectura precisa, el panorama de desolación que aparece en el iris al margen del punto de vista escogido. El desastre es de Norte a Sur y de Este a Oeste. Del éxito apenas se pueden contar destellos y algunos recortes en medio de una anarquía despampanante.
El desorden, la apatía, el robo, la malversación, las corruptelas, mastican el socialismo en una cena diaria. Calles y ministerios, fábricas y restaurantes, hospitales y mercados. En cualquier sitio la mesa está servida generosamente.
Vagos habituales y militantes se turnan en el juego de la supervivencia, también no se quedan atrás amas de casa, jubilados, estudiantes y profesionales de cualquier especialidad. Todos, a conciencia, saben que el sistema político que le encasquetan a la fuerza con retóricas y un sin fin de tretas, vale menos que una comino. Las lecciones recibidas en medio siglo de partido único, bastan para ponerle a tales conclusiones cascabeles y cristales de aumento.
El general de ejército y presidente Raúl Castro ha sacado a luz pública parte de la hoja clínica de la revolución. Si se atreven a publicar el contenido íntegro de las fallas y dislates sería necesario admitir que de lo que se habla es de un cadáver insepulto.
No hay argumentos suficientes para hacer retoñar la esperanza en el pueblo. El tiempo se agotó junto a la idea descabellada de conformar una nación como si se tratara de una vaquería donde la soga, el narigón y el cencerro fijan las pautas de una vida bajo el rigor del encierro y la obediencia total.
Pocos seres humanos aceptan que les quieran planificar su existencia en todo los aspectos posibles, mucho menos los cubanos con sus características idiosincrásicas de informalidad y propensión natural a encauzar sus habilidades- sin patrocinios del estado- a favor del crecimiento de su nivel de vida.
Los mismos dirigentes de hoy, descubrieron en los primeros fuegos del delirio revolucionario la concepción del hombre nuevo. Aquel portento de ciudadano que figuraría en el altar del sacrificio como un santo mayor.
No habría tarea imposible, ni desafío sin conclusiones satisfactorias frente a estos titanes del nuevo régimen presto a crucificar el capitalismo y darle a la dictadura del proletariado vía libre y vida eterna.
Ahora, resulta ser que, se dan las claves de una rebeldía masiva apenas contenida por un miedo aupado por la costumbre y por cierto nivel de aceptabilidad del sistema del que aún se pueden obtener dividendos tras el velo de la doble moral.
Aunque no se diga, el mercado negro es una institución extraoficial que empieza ¿o termina? en las mismísimas orillas de la nomenclatura y se extiende a los más remotos rincones de nuestra geografía. La corrupción ha logrado saltar, con holgura, las vallas impuestas por decretos y regulaciones. No hay altura inalcanzable que logre detener la fuga de la honestidad, la ética y la franqueza. Es común que cuando de sobrevivir se trata la personalidad tienda a deformarse. En el plano personal he salido de esa ecuación. Por eso la cárcel, el acoso y todo lo que quepa en el inventario del terror.
Es ilógico, pero bueno, ¿es sensato esperar cordura en un manicomio?
El peligro no está en quienes exponen, sin adulteraciones, las diferencias políticas con nombres y apellidos, sino en los complotados con el traje de la lealtad que, poco a poco, desangran al régimen desde adentro. Un chorro de aplausos en una reunión del partido, el paso adelante para dar un acto de repudio contra un disidente, la promesa de dar la vida por la revolución no significan legítimos actos de fe. Tras esas poses de guerreros por el socialismo está el puñal desenfundado para matar el mismo proyecto que juran defender. Creo pertinente notificar que las alarmas suena demasiado tarde.