Salario y productividad: Pasión y perjuicio en Cuba

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – En la Cuba revolucionaria existe un refrán que asegura: “Los cubanos hacen como que trabajan, y el gobierno finge que les paga”, y  por entre los enrevesados laberintos de esa cínica ecuación de reciprocidad, se han escapado durante décadas, junto con los incentivos para laborar, la eficiencia y la productividad, hechos que dan al traste con la utopía de un  socialismo próspero y sostenible.

No por gusto, el tema más recurrente en los debates en torno al Proyecto de Constitución es el de las insatisfacciones salariales de los trabajadores cubanos, víctimas de una política salarial que se reinventa, pone parches, promete y nunca llega a cubrir las necesidades básicas de una clase trabajadora que hace malabares para subsistir, en medio de un inseguridad económica general.

La falta de un salario mínimo impide valorar estadísticamente las mejoras de ingresos laborales de los trabajadores de menor remuneración salarial, y aún más cuando los ajustes de salarios no están sujetos a criterios técnicos, sino a veleidades políticas y económicas del Estado para encubrir sus desaciertos en el ámbito socio laboral, sin medir las consecuencias para la clase trabajadora.

Según algunos economistas cubanos, el actual sistema salarial no permite que el trabajador reciba por igual trabajo medido por su cantidad y calidad, igual salario, pues concibe la reforma general de salarios en una nueva política que condiciona la misma a las posibilidades económicas del país, decisión que actúa como un círculo vicioso en donde el Estado patrón exige productividad para incrementar los salarios, y el trabajador espera mejores incentivos para elevar la productividad.

En esa especie de parodia de la conocida guaracha “¿Quién llegó primero al mundo, si la gallina o el huevo?”, en este caso –la productividad o el salario– han fracasado durante décadas varias generaciones de trabajadores cubanos, a quienes se le prometió y aún se les promete que nada como el socialismo para dignificar al obrero, todo lo contrario al infierno que ha vivido y vive.

El problema está en que los habituales desencuentros Estado patrón/obrero por los bajos salarios, provocan la desmotivación hacia el trabajo con la consecuente disminución de la productividad, el aumento de la indisciplina laboral, la fluctuación de la fuerza de trabajo calificada, entre otros aspectos puntuales que generan el incremento de las ilegalidades, el robo y la corrupción.

La conjunción y suma de todos estos males derivados de los miserables salarios, han provocado que sólo en el sector técnico profesional del Estado, alrededor de 30 mil de sus especialistas y trabajadores hayan pasado al privado (según alarmantes, aunque conservadoras cifras oficiales) como única vía para solventar las necesidades mínimas en un país donde la brecha entre el poder adquisitivo y el precio de los productos y servicios se encuentra entre las más grandes del mundo.

El descontento y la carencia general de los trabajadores imposibilitados de cubrir quince días del mes con un salario estatal, hecha por tierra la teoría de que “el objetivo del socialismo es satisfacer las necesidades materiales y espirituales siempre crecientes del ser humano sobre la base de un incremento constante de la producción y la productividad, lo que se logra mediante un trabajo —fuente de toda riqueza— debidamente estimulado y donde tiene un papel relevante la correcta organización del salario”.

El ajiaco económico universal cocinado en La Escuela de Fráncfort, sazonado con la teoría de Hegel y servido por el fracasado chef Carlos Marx, seguro de que “el ser humano no podía satisfacer sus necesidades mediante el trabajo porque el modo capitalista de producción se lo impedía”, ha causado una indigestión general en el socialismo cubano que hoy vuelve desesperado a la receta de mercado que rechazó, cómo única vía de salvación.

Para la inmensa mayoría de los cubanos, si como dice Marx, el trabajo es fuente de toda riqueza, segura no es en una Empresa Estatal Socialista, reflejo de todos los fracasos de un modo de producción que no produce, el salario es un caos y, como si fuera poco, no incentiva ni satisface las mínimas necesidad espirituales ni materiales de sus trabajadores. | vdomínguezgarcía4@gmail.com