Emprendedores cubanos, sin trabajo durante la pandemia y desprotegidos por la Seguridad Social

El sector cuentapropista cubano es el más golpeado por la pandemia, y tanto el Gobierno como su prensa lo silencian.

Holguín (Osmel Ramírez Álvarez / DDC) – Uno de los sectores económicos más afectados en Cuba por las medidas de cuarentena y aislamiento durante la pandemia de Covid-19 es el de lo servicios, donde desarrollan sus actividades la mayoría de los emprendedores cubanos. Esto ha hecho que muchos hayan tenido que dejar sus negocios —predominantemente de subsistencia— temporal o definitivamente.

“Soy bicitaxista y, cuando trabajo, lo que gano me da para vivir; es como un buen salario, pero para más nada. No puedo guardar dinero, no llega para eso”, explica Yandier, un “cuentapropista” mayaricero. “Desde que comenzó la pandemia hemos estado parados casi todo el tiempo, y ya va para más de un año”.

“Al Gobierno no le importa de qué vivimos, con qué estamos comprando los mandados de la libreta (de racionamiento), y si te cogen en la calle con gente montada en el bicitaxi que no sean tu familia, te meten una multa inmensa. Es un riesgo muy alto, nadie se atreve”, lamenta.

“¿De qué vamos a vivir si no podemos trabajar? Hay bicitaxistas que se han ido temporalmente para la agricultura, como jornaleros, pero no todo el mundo sirve para ese trabajo ni siempre hay ‘pincha’, eso es por tiempo. Yo mismo no puedo porque tengo a mi mamá enferma y mi mujer tiene que atender a los niños, uno de apenas un año y cinco meses. No puedo estar el día entero fuera”.

Yandier asegura que fue al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social “para pedir ayuda cuando en enero comenzó la Tarea Ordenamiento, porque todo subió al mismo tiempo que nos volvieron a prohibir trabajar”.

“Pero allí me dijeron tajantemente que no existe ninguna vía por donde darnos ayuda en medio de esta situación”, señala.

“Hablé entonces para mi madre, pero me dicen que no califica porque me tiene a mí para mantenerla como familiar obligado. Una locura, yo no puedo trabajar porque mi oficio está prohibido (en medio de la pandemia), y ni me pueden dar una ayuda económica mientras dure esta situación, ni me pueden librar temporalmente de mi responsabilidad con mi madre y ayudarla a ella en ese periodo. El dominó está trancado”, concluyó.

En semejante situación están también los dueños de negocios privados que desarrollan sus actividades en el comercio y la gastronomía, los de apoyo a los hostales en divisas o moneda nacional, todos los transportistas, y principalmente sus empleados, los cubanos con licencia de “trabajador contratado por cuenta propia”.

En otros países del mundo un empleado del sector privado tendría derecho a protección social igual que un trabajador público; sin embargo, en Cuba están desprotegidos. El Estado tiene autoridad para impedirles trabajar, pero no se siente responsable de proporcionarles medios de subsistencia mientras impere la prohibición.

Javier Ramírez es cochero y su hijo es su ayudante. “Al Gobierno lo único que le interesa es recoger plata, no siente compromiso con nosotros, los cuentapropistas. Nos obligan a pagar la licencia y la seguridad social, y cuando les da la gana nos dicen que no podemos trabajar, pero no les importa si no tenemos con qué vivir”, comenta.

“Muchos cocheros se han dedicado al tráfico de café para poder vivir, o a cargar frutas o puercos en los caballos desde las montañas hasta el pueblo”, relata. “Eso es ilegal; si te cogen, te decomisan el caballo; pero si no lo haces, te mueres de hambre con tu familia. Además, mantener a los animales cuesta trabajo y dinero”.

“Yo tengo mujer y mi hijo también, además de una niña de dos años. No hallo qué hacer para mantenernos. Estoy haciendo guardia de noche en un rancho de tabaco, pero es un trabajo temporal. En cuanto el dueño lo venda se me acaba la pincha”, añade. “Parece que esto es para largo, cada vez hay más casos de coronavirus, y nosotros, los trabajadores por cuenta propia, no tenemos derecho a una ayuda social mientras tanto. Nada de nada”.

El caso de Oniel y Yaritza es parecido. Esta pareja trabaja para cuentapropistas; ella en una cafetería y él en una pizzería.

“Salíamos bien con el pago y las propinas, pero vino la escasez y se empezó a poner malo trabajar. Luego llegó el Covid-19 y le puso la tapa al pomo. Nos obligaron a cerrar”, cuenta Yaritza.

“Para la casa a vivir del aire; teniendo una licencia de trabajo por cuenta propia y teniendo que pagar la seguridad social sin ganar nada”, agrega. “Todo parado y los precios para arriba. Vino el cambio de dinero y los nuevos precios, y ya para comprar hasta la cuota (del racionamiento) hay que llevar un chorro de pesos. ¿De qué íbamos a vivir? Entregamos la licencia para librarnos de pagos inútiles y nos metimos en el ‘invento’. Luchamos por internet, revendemos lo que sea, pero no nos vamos a dejar morir”.

El sector cuentapropista cubano es el más golpeado por la pandemia, y tanto el Gobierno como su prensa lo silencian. En contraste, continúan con el discurso de que el Estado protector y la Revolución socialista no abandonan a nadie a su suerte.

Se trata de un sector que representa el 13% de la fuerza laboral en Cuba, unos 600.000 puestos de trabajo de pequeños negociantes y sus empleados, la gran mayoría con ingresos para vivir al día o que les dejan poco margen de ahorro en medio de la inflación y la escasez. Muchos, además, responsables de sostener a otros familiares.